Presentación

El Primer Congreso Feminista de Yucatán  en 1916.

Las discusiones sobre el feminismo.

 

Yo siempre he creído que,
mientras no elevemos a la mujer,
nos será imposible hacer patria.
Salvador Alvarado.

Desde el artículo de Alaíde Foppa de 1979 aparecido en fem, el excelente análisis de Anna Macías y hasta el de Aurora Cortina G. Quijano[1] entre otras muchas publicaciones, han proliferado análisis de esta reunión y se ha examinado el todo y sus partes. Por lo anterior si bien es poco lo que puedo decir que no se haya dicho aún, trataré de presentar un panorama general que explique los intersticios del evento.

En un principio hay que subrayar que Yucatán es un estado que hasta el día de hoy se precia de ser la cuna del feminismo mexicano. En tiempos en que el liberalismo se implantaba en el país y descollaban las escuelas e institutos impulsados por Benito Juárez, en Yucatán las profesoras Rita Cetina Gutiérrez, Cristina Farfán y Gertrudis Tenorio Zavala, las tres maestras y poetisas nacidas en 1846, fundaron en mayo de 1870 una escuela para niñas pobres, una academia de Bellas Artes para señoritas de la elite y una revista literaria que se llamó igual que la escuela “La Siempreviva”. Con apoyo de las autoridades consiguieron mantener sus tres instituciones e inclusive ser consideradas feministas y trasmitir esas enseñanzas a sus alumnas. En 1877 se designó a Rita Cetina directora del Instituto Literario de Niñas que con el tiempo se fusionó con la escuela La Siempreviva, se le integró una biblioteca y en 1888 se incorporó una Escuela de Modistas.[2]

No obstante, para 1910 la educación presentaba un déficit de instituciones educativas, se había inaugurado una normal para señoritas y el instituto literario para niñas contaba apenas con 758 alumnas. Había 204 escuelas para varones y 150 para niñas. También había escuelas particulares y confesionales.[3]

Egresadas y alumnas de Rita Cetina fueron algunas de las organizadoras del Primer Congreso entre otras, Consuelo Zavala, Dominga Canto Pastrana y Candelaria Ruz Patrón.

Como ya mencioné, en 1916 se organizaron dos congresos feministas, pero a diferencia de lo que pudiera pensarse no será en la capital de la república sino en Mérida, Yucatán, auspiciados por un hombre, el gobernador socialista Salvador Alvarado, de quien se dice que llevó la revolución mexicana a la entidad.

Este estudio introductorio busca explicar cómo llegó la revolución a Yucatán con Salvador Alvarado, cómo se organizó ese congreso y recuperar en lo posible, las discusiones alrededor de cuál fue la definición de feminismo y de sufragio que proponían las asistentes.

 

La revolución llega a la entidad.
El laboratorio revolucionario.

Yucatán hacia 1910 se dividía en dieciséis partidos políticos y contaba con una población de 337 000 habitantes distribuidos en 103 municipios.[4] La entidad se mantenía fundamentalmente del cultivo de la fibra del henequén, sembrado en alrededor de 170 000 hectáreas destinadas a la exportación; quienes lo sembraban habían acuñado fortunas considerables con las utilidades ganadas. “Este sector de la oligarquía tradicional cumplía puntualmente la función exportadora y lo hacía manteniendo los precios más bajos a cambio de pingües comisiones”.[5] Para comercializarlo desde fines del XIX el puerto de Progreso llegó a ocupar el tercer lugar en importancia en la república y los ferrocarriles locales alcanzaron gran auge desde 1881. Los trabajadores de las haciendas henequeneras percibían salarios muy bajos y se mantenía el peonaje por deudas entre los campesinos. La insalubridad campeaba en todo el estado.

La caída de Porfirio Díaz propició la sucesión de gobiernos efímeros que no cambiaron en nada la situación, ni la condición de las masas sino que mostró las rivalidades del poder de la oligarquía henequenera para poner y quitar a los gobernantes. Según Betancourt y Sierra “entre 1910 y 1915 ninguna facción logró hacerse del poder político en el estado, incluyendo a los primeros enviados del carrancismo quienes fracasaron debido a su incomprensión de las características regionales”.[6]

Tocará a Salvador Alvarado, derrotar al golpista impuesto por los empresarios henequeneros, Abel Ortiz Argumedo y avanzar hacia Mérida el 1 de marzo de 1915. Para el efecto, llevaba consigo el encargo del Primer Jefe, Venustiano Carranza, de someter para los constitucionalistas la entidad que hasta entonces se había mantenido ajena a la revolución. La necesidad de contar con las divisas provenientes del henequén hacían de Yucatán una plaza envidiable; Alvarado intervino la Comisión Reguladora del Mercado del Henequén y consiguió que durante su administración los precios de la fibra subieran y con ello pudo llevar a cabo sus reformas. Nombrado gobernador y comandante militar del estado arribó, con un cargamento de ideas que le servirían para intentar transformar Yucatán en un estado moderno y capitalista. Entre marzo de 1915 y febrero de 1918 cambió, a través de la legislación, muchos moldes tradicionales y emprendió un proyecto de desarrollo capitalista nacionalista que impulsó en varios frentes.[7]

Nacido en Culiacán, Sinaloa, en 1880, vivió en Guaymas y de ahí pasó a Sonora donde trabajó en el comercio. Estuvo exiliado en Arizona por haberse afiliado al Partido Liberal Mexicano de los hermanos Flores Magón. Su adhesión al magonismo le imprimió un sentido de la justicia, así como un acercamiento a las relaciones de clase y de explotación entre los trabajadores dentro del capitalismo. Autodidacta, aprendió inglés, lo que le permitió conocer varias tendencias socialistas utópicas y feministas de la época y leer en idioma original a varios de ellos como fueron Samuel Smiles, Robert Owen, Harry W. Laidler y William E. Walling y otros.[8] Sus lecturas le aportaron un bagaje cultural y político el cual puso en práctica en la entidad. Ideó, organizó, dio vida, convocó y dictó sus lineamientos sobre las mujeres y la educación, en dos congresos pedagógicos y dos feministas.

Maderista primero y seguidor de Venustiano Carranza después, buscó consolidar el progreso integral de la sociedad a través del bienestar de obreros, artesanos y campesinos, a los cuales[9] liberó del peonaje por deudas y extendió esta medida a los servidores domésticos que en su mayoría eran mujeres y a los niños y niñas mayas; confiscó los ferrocarriles, fomentó la educación, construyó bibliotecas y escuelas, impulsó la organización de los trabajadores y expidió leyes y decretos que los beneficiaron. Si bien su presencia no fue bienvenida por los empresarios que administraban la riqueza del estado, Alvarado tuvo el talento y la habilidad para forjar una coalición política donde incorporó al mismo tiempo a conservadores, a radicales y a trabajadores quienes juntos acordaron trabajar por su programa de reformas.[10] Como buen reformador burgués mezcló modernización y moralización en los cambios que promovió. Su forma de gobernar ha sido caracterizada por varios estudiosos como un tipo de socialismo “institucional”,[11] socialismo a la yucateca o como reformas “desde arriba”.[12]

Alvarado promulgó una serie de leyes y decretos: en 1915 una Ley General de Educación Pública en la cual instituyó la educación primaria obligatoria y la coeducación; reformó el código civil donde incluyó el divorcio recién decretado por Carranza en 1915, estableció la ley seca, clausuró los prostíbulos y prohibió algunos juegos y espectáculos, medidas que varios de los gobernadores socialistas también llevarían a cabo. Dictó leyes como la agraria, del trabajo, de hacienda, del catastro y del municipio libre a las cuales se las conoce como de las “cinco hermanas”. Asimismo, trató de transformar la condición en que se encontraban las mujeres sentando las bases jurídicas para que dejaran de estar subyugadas, “medidas dirigidas a erradicar desde su raíz los males sociales, demoliendo los mecanismos que mantenían el orden oligárquico”.[13] Emitió el decreto 167 que reformó el artículo 597 del Código Civil conocido como Ley Femenina, en la cual se rebajaba a 21 años la edad para la emancipación de las mujeres.[14]

Las mujeres y el feminismo.

En la alta esfera de la mentalidad, no se perdonó
medio alguno para levantar y dignificar la condición
de la mujer, haciéndola fuente para luchar con la vida
y dando vigor a sus alas, entumecidas por la traición
y el convencionalismo.
Salvador Alvarado.[15]

 

El deber ser femenino no cambió a las mujeres con la guerra de revolución, si bien se las empezaba a considerar como fuerzas sociales dentro del nuevo estado revolucionario, no se las pensaba ni como ciudadanas, ni como sujetos de derechos. Se las ubicó en el ámbito privado pero fuera del poder de la Iglesia y tanto Alvarado como los demás gobernadores socialistas no las imaginaban en igualdad de condiciones con los varones y solo tomaban en cuenta –si acaso– a aquellas educadas de clase media, separándolas de las demás por clase y raza y moldeando un deber ser como modelo para ellas.

Para Alvarado, la educación simbolizaba un logro que permitiría a los y las yucatecas progresar, palabra muy usada en ese entonces para denotar cambios y transformaciones para el futuro. Si esa educación era la racionalista, tanto mejor ya que contribuiría a resolver los problemas sociales y económicos.[16]

Dentro de sus planes de transformación tomó en cuenta la incongruencia en que vivían las mujeres y le preocupó la tradicional moral yucateca que las constreñía al espacio doméstico de la casa y la religión. Por lo anterior, creía que las mujeres debían integrarse a la nación y participar en su reconstrucción a través de su papel como educadoras, para ello había que alejarlas de la influencia del clero, no obstante, restringía su ámbito de acción al hogar y a la escuela. Sus sujetos de interés eran mujeres ilustradas de clase media, no tomó en cuenta a las trabajadoras ni a las mujeres mayas que no hablaban el español para quienes reservaba las labores en el campo y en las fábricas como obreras. Opinaba que las mujeres debían ser iguales a los hombres y un “elemento social con altas responsabilidades y con inalienables derechos” pero para lograrlo había que educarlas.[17]

 

¿Qué pretende el feminismo?

El feminismo pide libertad para la mujer,
no licencia, pide el derecho de ejercer profesiones
liberales, retribuyéndose su trabajo igual que al hombre
para que pueda bastarse a sí misma.
Matilde Acevedo de Paullada.

Alvarado lamentaba la situación que enfrentaban las mujeres que no tenían forma de sobrevivir porque no estaban preparadas. Afirmaba que

La mujer en nuestro país, cualquiera que sea su categoría, es más esclava que el obrero; no puede hacer ni resolver nada; la sociedad por su parte, es criminal en la sutileza de su juicio acerca de la mujer, debe ser más liberal, más consecuente, más tolerante. Esta tiene el deber de hacerse libre, de entrar en el torneo del progreso dando a reconocer su majestad para hacerse respetar; si así se hace, todas estas inteligencias dormidas entrarán en acción y la obra propulsora de la evolución será más intensa, más eficaz. La mujer fuerte es la aspiración del momento, señoras, señoritas profesoras cumplid con vuestro deber, elevad a la mujer.[18]

 

Estas palabras indujeron a sus colaboradores a concebir y planear la idea de organizar lo que sería el Primer Congreso Feminista de México. Al escuchar la opinión del gobernador, uno de sus colaboradores, el profesor de escuela Agustín Franco, pensó que sería conveniente organizar una reunión de mujeres que discutiera algunas de sus problemáticas, “con el fin de auscultar  el corazón de la mujer mexicana, conocer sus aspiraciones y encauzar sus tendencias”[19]  y así avanzar en las propuestas del gobernador. Se lo comunicó al secretario del Departamento de Educación Pública del estado, José Domingo Ramírez Garrido, quien a su vez, le presentó la idea a Alvarado para que el 28 de octubre de 1915, se lanzara la convocatoria.[20]

La convocatoria restringía a cuatro los temas a debatir en las sesiones (por cuestiones de organización el congreso se tuvo que aplazar hasta 1916, del 13 al 16 de enero), que se desarrollaron en el teatro Peón Contreras con una asistencia, según se afirma, de más de 620 mujeres. Alvarado fue explícito al invitar solamente a aquellas mujeres que tuvieran, cuando menos, conocimientos de educación primaria, lo que circunscribió la participación a maestras de clase media y excluyó a otras; se les entregaron tickets especiales a las que presentaron escritos y pidieron la palabra. Se pagó el transporte de las delegadas y las escuelas suspendieron clases para poder alojar a las que llegaron de fuera.

Los temas a discutir versaban acerca de las preocupaciones que el gobernador tenía para las mujeres: en primerísimo lugar, arrancarlas del yugo de la Iglesia católica, transformar las costumbres y tradiciones que aquejaban al sector femenino, incorporarlas a las labores productivas y, por último, debatir su inclusión en la política a través del sufragio. Preveía y prometía que las resoluciones podrían convertirse en leyes.

Algunas de las profesoras organizadoras habían participado en el Congreso Pedagógico, también organizado por Alvarado, en septiembre de 1915 (y luego lo harían en el de agosto de 1916), y conocían los procedimientos que había que seguir para su preparación, aunque el gobernador de antemano se encargó minuciosamente de implantar el programa a su antojo. No obstante necesitó del concurso de algunas maestras a quienes designó para llevar a cabo las actividades de organización del congreso, una de ellas, la profesora Consuelo Zavala, presidió los trabajos de la Comisión Organizadora. Esa organización estaba apegada a lo que se hacía en los congresos masculinos y así funcionaron: inauguración, apertura, período de sesiones y clausura. La organización general del congreso fue muy elaborada ya que hubo que hacer propaganda y dar a conocer a lo largo y ancho del estado que se celebraría el congreso y se invitaba a las profesoras como asistentes.

Los acalorados debates que se presentaron revelaron que esas maestras estaban versadas y dominaban sus temas. Habían leído a John Stuart Mill, a Augusto Bebel, a Rousseau y en la introducción se incluye un texto de Ètienne Lamy, miembro de la Academia Francesa, quien escribió La Femme de Demain en 1901, del cual se dice “se vendía en las librerías meridanas y era leído por hombres curiosos de conocer la doctrina que allí se sustentaba briosamente” (p.16). Ramírez Garrido menciona que “las mujeres discutieron con la fogosidad de la pasión, haciendo a veces verdadero derroche de elocuencia y erudición”.[21]

La reseña pormenorizada de las discusiones que tuvieron lugar apareció diariamente publicada en el periódico La Voz de la Revolución[22] y se incluye en este facsímil. Se dice que el grillé, es decir, el palco escénico, estuvo ocupado por hombres que, según notaron las maestras, asesoraban a algunas asistentes, aunque también aplaudían, vociferaban o agitaban sus pañuelos cuando apoyaban o no estaban de acuerdo con las discusiones.[23]

Los argumentos que se esgrimieron dejan ver enconadas diferencias entre las asistentes: encontramos a aquellas que no aceptaban cambios en el statu quo de las mujeres y otras que querían ver esos cambios inmediatos y drásticos. Así que las contiendas entre las diversas posturas revelaron las tendencias feministas de las participantes y salieron a relucir variantes entre los feminismos. Se proponía que el feminismo es “el movimiento que en la sociedad contemporánea tiende a reclamar para la mujer los mismos derechos que existen para el hombre” (p.15). A lo largo del texto esta definición variará conforme a la corriente de quien la discuta pero la base permanecerá, se busca la igualdad con los varones.

En los debates se mencionaba que las participantes no predicaban el feminismo radical, sino el moderado, generalizando para todas a esta corriente. La pregunta formulada por Candelaria Ruz Patrón: ¿qué quiere el feminismo? levantó múltiples respuestas y acaloradas intervenciones que iban desde la noción de ayudar a fortalecer a las mujeres para lograr su progreso, hasta quienes manifestaron que el feminismo “quiere la igualdad intelectual de los hombres y de las mujeres”. Mientras que otras aspiraban a que se les otorgara más libertad y más derechos hubo quienes que demandaban que no se desquiciara a la sociedad con los cambios y que no se enfrentaran con los hombres (p. 82).

Cuando mencionaron las modalidades del feminismo en el mundo (celibatario, sufragismo, burgués y radical) estas mujeres diferían de esas clasificaciones y se afirmaban igualitarias con similares derechos en la educación, la vida y la democracia con los varones. Para ello se apoyaban en los presupuestos de la revolución mexicana “que quiere para el paria, –inclusive la mujer– el ejercicio del derecho para construir la patria mexicana sobre indestructibles bases de equidad y de igualdad ante la justicia moral y ante la ley positiva (p.16). ¿Se consideraban parias, excluidas e inferiores?

Sobre los tópicos tratados, si bien se puso énfasis sobre la enseñanza laica y el alejamiento de la Iglesia, se solicitó no impartir educación religiosa para no afectar las mentes de la juventud, sino hasta cumplidos los 18 años. Pero también hubo quienes discreparon sobre mejorar la educación para las mujeres ya que argüían que ello impedía que se casaran e inclusive decían “que los conocimientos enciclopédicos parecen ser una valla para la felicidad”.

Un punto de enfrentamiento se suscitó por la presentación del estudio La mujer en el porvenir, de la secretaria de Carranza, Hermila Galindo, quien no asistió al congreso pero mandó su trabajo fuera de programa, el cual fue leído provocando enconadas protestas no sólo por estar fuera de programa y por no haber sido aprobado por las organizadoras, sino por los planteamientos que presentó.[24]

Si bien en cada sesión se discutieron los temas que determinaba la orden del día, yo solamente me voy a enfocar en el punto cuatro sobre la necesidad de participar en política. Esta cuestión levantó agrios debates que dieron cuenta de la multiplicidad de opiniones entre las mujeres. Los argumentos planteados sobre la necesidad de obtener el sufragio giraron en torno a lo que hoy día podríamos considerar como cuestiones de género, ya que se aducía que era la sociedad y la educación las que habían relegado a las mujeres y que ello hacía la diferencia entre “la subyugación en la que vivían”. Asimismo, argumentaban sobre la debilidad física de las mujeres lo que las hacía incapaces para actuar en igualdad de condiciones en la política. Quienes se negaron a aceptar el sufragio argumentando diferencia entre los sexos decían que “…no son absolutamente iguales las mujeres que los hombres, ni física ni moralmente; que solamente pueden hacer las leyes las personas que puedan sostenerlas con la espada en la mano” (p. 101). La agria controversia que se produjo giró precisamente en torno a esa diferencia. Estaban quienes se manifestaban por un voto restrictivo y gradualista, implicando con ello la disparidad entre las mujeres, que empezara desde el ejercicio municipal, y aquellas otras que se veían educando primero a las mujeres y dejando el voto para el porvenir (p.109). En el Segundo Congreso Feminista de Yucatán, de noviembre del mismo año, también se presentó esta disyuntiva y en ambas reuniones las conclusiones giraron alrededor de la conveniencia de reclamar un sufragio gradual y diferenciado en donde educar a las mujeres sería una prioridad para luego demandar el sufragio municipal, pero sólo para aquellas mujeres que supieran leer y escribir.[25]

Las conclusiones dieron cuenta de que prevalecía una visión moderada de las participantes quienes no aceptaron cambios en la educación primaria –no se accedió a integrar la educación racionalista, como deseaba el gobernador–, y tampoco aprobaron el ingreso de las mujeres a la política por no considerarlas preparadas para ejercer el sufragio. Propusieron de mala gana el voto progresivo, primero el municipal, y dejaron para el futuro el voto universal. Los argumentos esgrimidos se basaron en las diferencias entre los sexos al advertir que las mujeres no eran física ni moralmente iguales que los hombres.

 

El Segundo Congreso Feminista de Yucatán.

Alvarado no quedó contento con las conclusiones del congreso y lo hizo saber de la siguiente manera:

En el Primer Congreso Feminista se discutieron temas que se relacionan con la liberación económica, social y política de la mujer, pero, probablemente la premura del tiempo y la falta de una conveniente preparación de algunas congresistas para abordar dichos temas, hicieron que no se llegara a tomar resoluciones de carácter positivo y algunos asuntos particulares que respondían a un tema radical fueron rechazados[26].

 

El segundo congreso tuvo lugar del 23 de noviembre al 2 de diciembre de 1916, asistieron pocas maestras, alrededor de 234 casi todas yucatecas. De este no existe opúsculo y sólo se conoce lo publicado en la prensa donde el gobernador advertía que convenía resolver asuntos pendientes del primer congreso, de ahí que subrayaba, debían ser estudiados. Los temas propuestos fueron muy parecidos a los debatidos en la reunión anterior:[27] educación, sufragio, matrimonio y divorcio. Del mismo modo que en el primer congreso, Alvarado delimitó cuidadosamente el reglamento y los procedimientos que habría que seguir.[28] Las conclusiones aparecieron publicadas en el Diario Oficial y especifican que las mujeres podían iniciarse en ocupaciones antes sólo exclusivas para los hombres; se aceptó educar científicamente a las mujeres; la cuestión del voto que importaba a Alvarado volvió a rechazarse y quedó como sigue:

Primera.-Las mujeres mayores de veinte y un años que sepan leer y escribir, tendrán derecho de votar en las elecciones municipales. Segunda.- No es posible aún, que las mujeres sean votadas en las elecciones municipales.[29]

 

Asimismo, se resolvió que para contraer matrimonio ambos cónyuges debían presentar un certificado médico y se previó que los hijos, en caso de divorcio, quedarán a cargo de las personas designadas de mutuo acuerdo con el juez.

 

Hacia adelante.

Los constituyentes de 1917 no reconocieron el sufragio para las mujeres argumentando que no había habido un movimiento a favor de éste, con ello desconocieron la lucha que muchas mujeres habían llevado a cabo y por lo visto los dos congresos feministas no tuvieron eco en sus oídos. Las reformas llevadas a cabo por Alvarado se verán implementadas durante el gobierno de Felipe Carrillo Puerto.

La Constitución mexicana de 1917 reconoció derechos laborales para las mujeres. Elevó a la categoría de principio constitucional la igualdad salarial y la protección a la maternidad de las trabajadoras. La Ley de Relaciones Familiares estableció la igualdad en el hogar entre la autoridad del marido y la de la mujer, fijó la obligación de decidir de común acuerdo lo relativo a la educación de los hijos y legalizó el divorcio. El artículo tercero sí decretó la educación laica y gratuita, como Alvarado la había establecido en Yucatán, y en la ley de Relaciones Familiares de Carranza, en 1918, se legalizó el divorcio para toda la república

Terminado el período de la lucha armada, muchas mujeres retomarían la estafeta dejada por sus predecesoras para insistir en la obtención de derechos para su género. Con la pluma y mediante la creación de organizaciones ad hoc, reafirmarán su vocación libertaria y su ambición por obtener la ciudadanía política y los derechos negados. Fundamentaban su demanda en los cambios experimentados en la cultura de género que se suponía la “nueva sociedad” estaba modificando. No contaban con que la jerarquía gobernante temía la subversión del orden de género a través de estas sufragistas. La mentada democracia seguiría exhibiendo una cara de exclusión para las mujeres.

Este texto da cuenta precisamente de las discusiones que tuvieron lugar durante los días en que transcurrió el Primer Congreso Feminista de Yucatán y permiten conocer las concepciones a favor y en contra sobre el derecho al voto que prevalecían entonces. En octubre de 1953 se reconoció por fin el derecho de las mujeres a votar y ser votadas, pero, eso es otra historia…

 

Ana Lau Jaiven.[30]

 

 

[1]    Alaíde Foppa, “El congreso feminista de Yucatán, 1916”, en fem, publicación feminista, volumen III, núm. 11, p. 59, México, 1979.
Anna Macías, Against All Odds. The Feminist Movement in Mexico to 1940, Greenwood Press, Estados Unidos, 1982.
Aurora Cortina G. Quijano, “Los congresos feministas de Yucatán en 1916 y su influencia en la Legislación local y federal”, documento electrónico en: http://www.jurídicas.unam.mx/publica/librev/rev/hisder/cont/10/cnt/cnt9.pdf.
Shirlene Soto, Emergence of the Modern Mexican Woman.Her Participation in Revolution and Struggle for Equality.1910-1940, Arden Press, Colorado, 1990.
Ana Lau y Carmen Ramos, Mujeres y revolución, 1900-1917, INEHRM/INAH, México, 1993.
 Laura Orellana Trinidad, Hermila Galindo: una mujer moderna, INBA, México, 2001.
[2]    Cfr., Lucrecia Infante Vargas, “Rita Cetina Gutiérrez. Primera mentora yucateca (1846-1908)” en Las maestras de México, INEHRM, México, 2015.
Rodolfo Menéndez de la Peña, Boceto Biográfico: magisterio Yucateco. Rita Cetina Gutiérrez, 1846-1908, Secretaría de Educación, Mérida Yucatán, 2011.
[3]    Diego Valadés, “Salvador Alvarado, un precursor de la constitución de 1917”, documento electrónico, en: http://bibliohistorico.juridicas.unam.mx/libros/1/188/25.pdf
[4]    José Rivera Castro, “Latifundismo y acción agraria en el campo yucateco”, en: Alejandro Tortolero (coord.), Estudios Históricos II, UAM-I, México, 1994, p. 149.
[5]    Enrique Montalvo y Francisco Paoli, El socialismo olvidado de Yucatán, Siglo XXI, México, 1977, p. 39.
[6]    Antonio Betancourt Pérez y José Luis Sierra, Yucatán, una historia compartida, Instituto Mora/Gobierno del estado de Yucatán/SEP, México, 1989, p.169.
[7]    Enrique Montalvo y Francisco Paoli, op. cit, p.43.
[8]    Gilbert M. Joseph, Revolución desde afuera. Yucatán, México y los Estados Unidos, 1880-1924, FCE, México, 2010, p. 128.
[9]    La anulación del peonaje por deudas se había decretado en las administraciones del gobernador Eleuterio Ávila, en 1914, y en la de Toribio V. de los Santos, en 1915, sin éxito.
[10]   Enrique Montalvo y Francisco Paoli, op. cit, p. 98.
[11]   Alicia Beatriz Canto Alcocer, “Las mujeres a escena: feminismo y Revolución en Yucatán, 1915-1918”, tesis para obtener el grado de maestra en historia, CIESAS, Mérida Yucatán, 2014, p. 55.
[12]   Joseph acuñó este término para nombrar la serie de cambios impulsados durante el gobierno de Alvarado en favor de los grupos menos favorecidos. Joseph, op. cit., pp. 127 y 139.
[13]   Antonio Betancourt Pérez y José Luis Sierra, op. cit., p. 171.
[14]   Aurora Cortina G. Quijano, op. cit.; véanse los decretos emitidos por Alvarado.
[15]   Salvador Alvarado, Actuación revolucionaria del Gral. Salvador Alvarado en Yucatán, PRI, México, 1955, p. 39.
[16]   Gilbert M. Joseph, op.cit., p. 134.
[17]   Francisco José Paoli Bolio, Salvador Alvarado, estadista y pensador Antología, FCE, México, 1994, p. 260.
[18]   José Domingo Ramírez Garrido, Al margen del feminismo, Talleres “Pluma y Lápiz”, Yucatán, 1918, pp. 43-44.
[19]   Ibid., p. 44.
[20]   Idem.
[21]   José Domingo Ramírez Garrido, op. cit., p. 44.
[22]   No conocemos los nombres de los reporteros que escribieron esas crónicas.
[23]   En los anexos del facsímil se incluyen discursos de dos varones: Sixto Peniche López y de Rodolfo Menéndez (leído por Natalia Medina de C.) y también algunas poesías.
[24]   Remito a las personas interesadas al texto sobre el contenido del discurso, p. 195 de la memoria del congreso.
[25]   Rosa María Valles Ruiz, 1916 Segundo Congreso Feminista de México. Crónica centenaria, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México, 2013.
[26]   Carta al pueblo de Yucatán y Pensamiento revolucionario, citado por Aurora Cortina G. Quijano, op. cit., p. 179.
[27]   Diario Oficial del Gobierno Constitucionalista del estado de Yucatán, año XIX, Mérida, 15 de junio de 1916.
[28]   Diario Oficial del Gobierno Constitucionalista del estado de Yucatán, año XIX, Mérida, 22 de noviembre de 1916.
[29]   Diario Oficial del Gobierno Constitucionalista del estado de Yucatán, año XIX, Mérida, 6 de diciembre de 1916.
[30]   Doctora en Historia por la Universidad Iberoamericana de México. Profesora investigadora en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, en el Departamento de Política y Cultura. Imparte docencia en la Maestría en Estudios de la Mujer. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores y es investigadora PRODEP (Programa para el Desarrollo Profesional Docente). Ha sido reconocida con el premio “Clementina Díaz y de Ovando” a la trayectoria en investigación en Historia de la Mujeres y de género, en 2015, por el Instituto de Estudios de las Revoluciones de México.
Sus áreas de investigación giran en torno a historia del feminismo mexicano, del sufragio femenino y de los grupos organizados de mujeres a lo largo del siglo XX. Ha publicado dos libros como autora única y tiene en su haber varias coordinaciones de libros sobre historia de las mujeres en la revolución mexicana, en la búsqueda por el sufragio, y sobre ciudadanía. Es autora de múltiples artículos y ensayos en libros colectivos y revistas académicas.
Actualmente se ocupa del examen de los grupos que pugnaron por el sufragio y en específico, junto con la doctora Marysa Navarro, investiga la creación y el desarrollo de la Comisión Interamericana de Mujeres.

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