Características de esta edición

Un criterio que orientó las labores de edición y que fue central para decidir la manera de presentar este trabajo fue la idea de que el lector actual se encuentre con un texto claro, comprensible  y sin errores de composición  hasta donde esto es posible (¡cómo evitar a los duendes de la imprenta!), y la edición príncipe deja qué desear en estos aspectos: tiene defectos de impresión que le restan claridad, errores ortotipográficos que confunden, y problemas sintácticos que hacen oscuros muchos párrafos, muchos de ellos debidos al español que se usó para la escritura de los documentos. Y sin embargo, los defectos anteriores no le restan un ápice de valor y mérito pues entendemos en qué circunstancias personales y técnicas salió a la luz.

Nosotros decidimos:

  • Modernizar la ortografía.
  • Modificar la puntuación en aquellos casos en donde dejarla como estaba causaba confusión.
  • Desatar las abreviaturas, pues si bien muchas siguen siendo comprensibles, cómo enfrentarse a &c.; S.S.S.Q.S.P.B.; B.L.P. de V.S.I.; o M.I.C.J. y R. de esta N.C. Hubo unos pocos casos en que no pudimos encontrar el significado, por ejemplo el de O.S.C.S.M.E.C.A.R.
  • Unificar la grafía de los nombres propios (lugares, personas y cosas) teniendo muchísimo cuidado de no generar confusión ni incurrir en error. Por ejemplo, José Sixto Verduzco aparece en la edición original como Verduzco, Verdusco, Berdusco y Berduzco; Xiquilpan lo cambiamos por Jiquilpan.
  • Modificar la sintaxis en aquellos casos en los que la lectura de las oraciones resultaba oscura, confusa o francamente incomprensible. Lo hicimos en la menor medida de lo posible con la preocupación de conservar siempre el estilo original sin por ello perder claridad para la o el lector.
  • Respetar el uso de pronombres enclíticos cuidando su ortografía con las normas actuales. Quisimos dejarle a los documentos un sabor de la época.
  • Añadir algunas notas al pie para aclarar detalles de la edición, errores de composición (de imprenta), de numeración, saltos en la narración o descripción y otros problemas menores de los que adolece la edición del siglo xix. Nuestras notas están en una tipografía sin patines o remates, distinta a la del resto del texto y a la de las notas originales que lo acompañan. Se distinguen perfectamente unas de otras y creemos que no hay lugar a confusión.

Un faltante muy importante en ésta y en todas las ediciones de la obra, hasta la fecha, y que para esta ocasión no pudimos subsanar, es la elaboración de un índice onomástico, temático, toponímico y cronológico del conjunto de la obra. Queda en nuestra lista de pendientes.

Estuvimos ante un dilema y tuvimos que escoger: podíamos haber digitalizado la obra dejándola tal cual apareció en su edición príncipe o incluso pudimos habernos decidido por una edición facsimilar, pero optamos por otra alternativa. Aunque no se nos escapa que la edición original nos da informaciones intertextuales e intratextuales, por ejemplo, que pueden perderse con los cambios, pensamos que siempre estará ahí la edición original para despejar nuestras dudas.

 

Antonio García Lobo,
mayo de 2013.

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